domingo, 22 de mayo de 2011

LA PARADOJA DIVINA



CAPÍTULO VI

LA PARADOJA DIVINA

«El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus
leyes, ése no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será aplastado por
los elementos, en razón de su locura. El verdadero sabio conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley
contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es
deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. La maestría consiste, no en sueños anormales, visiones o
imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en
los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro.»

El Kybalion.


Ésa es la paradoja del Universo, la que resulta del principio de polaridad, principio que se
manifiesta cuando el TODO empieza a crear.

Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus poderes, su vida, sus fenómenos, son
como cosas contempladas en el estado de meditación o ensueño, el Universo debe ser tratado como
real, y la vida, las acciones y los pensamientos deben estar basados en ello, acordemente, si bien se
tenga un claro conocimiento y realización de la Verdad Superior cada uno respecto a su propio plano y
leyes. Si el TODO hubiera imaginado un Universo real sería desastroso para éste, porque entonces no
podría ascenderse de lo inferior a lo superior, el universo se habría convertido en una cosa fija, inmóvil
y el progreso resultaría imposible. Y si el hombre, por su parte, debido a su media-sabiduría, actúa y
vive y piensa en el Universo como si fuera un sueño (parecido a sus propios ensueños a finitos), así se
convertirá efectivamente para él, y, al igual de un cadáver que caminase, se encontrará dando vueltas y
más vueltas en un círculo, sin hacer el menor progreso y siendo forzado por último a despertarse y vivir
por las leyes naturales que él hubiera olvidado. Conservad siempre la mente fija en la Estrella, pero
mirad donde ponéis los pies, no vayáis a hundirlos en algún abismo. Recordad la paradoja divina que
afirma que si bien el «Universo no es, sin embargo es». Recordemos siempre los dos polos de la
verdad: lo absoluto y lo relativo. Guardémonos de las verdades a medias.

Lo que los hermetistas conocen como «Ley de la paradoja» es un aspecto del principio de
polaridad. Las escrituras herméticas están llenas de toda clase de referencias respecto a esa paradoja
que se descubre en todos los problemas de la Vida y del Ser. Los instructores están siempre batallando
para impedir que sus estudiantes omitan el «otro lado» de cualquier cuestión, y sus recomendaciones se
dirigen especialmente a los problemas de lo absoluto y de lo relativo, que tanto confunden a los
estudiantes de filosofía, y que obligan a tantos a obrar y a pensar contrariamente a lo que se conoce
como «sentido común». Recomendamos mucho a nuestros estudiantes el que se aseguren de haber
comprendido bien la paradoja divina de lo absoluto y lo relativo, evitando el ser hipnotizados por el
falso miraje de la verdad a medias. Desde este punto de vista ha sido escrita esta lección. Leedla
cuidadosamente.

La primera idea que se le ocurre al pensador que ha comprendido y realizado la verdad de que el
Universo es una creación mental del TODO, es la de que el Universo y todo cuanto éste contiene son
una pura ilusión, una irrealidad, contra cuya idea se revuelve instantáneamente. Pero esto, al igual de
otras grandes verdades, debe ser considerado desde los puntos de vista absoluto, el Universo es, por
supuesto, una ilusión, un sueño, una fantasmagoría, si se compara con el TODO en sí mismo. Esto lo
reconocemos nosotros mismos cuando hablamos del mundo como de un sueño, que va y viene, que
nace y muere, desde el momento que todo lo que es mudable, que cambia, que es finito e insustancial,
debe estar ligado a la idea de un Universo creado, cuando se compara con el TODO mismo, no
importando cual puede ser nuestra creencia respecto a la naturaleza de ambos.

Filósofos, metafísicos, científicos y teólogos, todos están de acuerdo sobre ello, y esta concepción
se encuentra en todos los sistemas filosóficos y religiosos, así como en las respectivas teorías de las
escuelas metafísica y teológicas.

Las enseñanzas herméticas no predican la insubstancialidad del Universo en términos más fuertes
que los que os son más familiares, aunque la exposición del asunto pueda pareceros algo más
contundente. Todo cuanto tenga un principio y un fin, en cierto sentido debe ser irreal e ilusorio, y el
Universo se encuentra en este caso, sea cual sea el sistema de las escuelas de pensamiento.

Desde el
punto de vista absoluto nada hay real excepto el TODO, no importando los términos que empleemos al
pensar sobre ello o al discutirlo. Bien sea que el Universo haya sido creado de materia, o bien que sea
una creación mental en la mente del TODO, es insustancial, mudable, sujeto al tiempo, al espacio, al
cambio. Debemos comprender y sentir bien esto antes de pensar y examinar la concepción hermética de
la naturaleza mental del Universo. Examina cualesquiera otras concepciones, y ved si existe alguna que
no lo admita.

Mas el punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado de la cuestión, siendo el otro el
aspecto relativo de la misma. Las verdades absolutas han sido definidas «como las cosas, tal como las
conoce y las ve la mente de Dios», mientras que las verdades relativas son «las cosas tal como la más
elevada razón del hombre las comprende». Y de esta manera, mientras que para el TODO el Universo
debe ser ilusorio e irreal, un simple sueño o resultado de la meditación, sin embargo para las mentes
finitas que forman parte de ese Universo, y mirando a través de las mortales facultades, el Universo es
ciertamente real, y así debe ser considerado. Al reconocer así el punto de vista absoluto, no
cometeremos el error de ignorar o negar los hechos y fenómenos del Universo, tal como se nos
presentan antes nuestras facultades mortales: no somos el TODO, recordémoslo.

Para emplear ilustraciones familiares, podemos reconocer el hecho de que la materia «existe» para
nuestros sentidos, y haríamos muy mal si así no lo reconociéramos. Y, a pesar de ello, nuestra mente
finita reconoce la verdad científica de que no hay tal materia desde el punto de vista de la ciencia, y que
lo que llamamos materia no es más que un agregado de átomos, átomos los cuales a su vez, no son más
que unidades de fuerza agrupadas que llamamos «electrones» o «iones», vibrando constantemente con
movimiento circular. Golpeamos una piedra y sentimos el impacto, parece ser real, y, a pesar de ello,
sabemos que no es más que lo ya expuesto.

Pero recuerden que nuestro pie, que siente el golpe mediante la intervención del cerebro, es
similarmente materia constituida por electrones, y por que de esa materia está hecho también nuestro
cerebro. Y, por último, si no fuera por la mente, no sabríamos nada ni del pie ni de la piedra
absolutamente.
Además, el ideal que un artista o un escultor tratan de reproducir en el mármol o en el lienzo les
parece muy real. Igualmente sucede con los personajes que crea la mente de un autor teatral, quien trata
de expresarlos para que los demás puedan reconocerlos. Y si esto fuera cierto en el caso de nuestras
mentes finitas, ¿cuál sería el grado de realidad de las imágenes mentales creadas en la mente del
Infinito? ¡Oh, para los mortales este universo de mentalidad es ciertamente muy real! Es el único que
jamás podremos conocer, aunque nos elevemos de plano en plano, cada vez más alto. Para que lo
pudiéramos conocer de otra manera, por experiencia actual, tendríamos que ser el TODO mismo.

Es
muy cierto que, cuanto más nos elevamos en la escala, tanto más cerca nos encontraremos de la mente
del Padre y tanto más evidente se hace la naturaleza ilusoria de las cosas finitas, pero hasta que el
TODO no nos absorba finalmente dentro de Él mismo no se desvanecerá la visión.

De manera, pues, que no necesitamos basarnos en esa ilusión. Reconozcamos más bien la
verdadera naturaleza del Universo y tratemos de comprender sus leyes mentales, esforzándonos en
emplearlas en la forma más efectiva para nuestro progreso ascendente en toda la vida conforme vamos
viajando de un plano a otro del ser. Las leyes del Universo no dejan de ser «leyes de hierro» porque
sean de naturaleza mental. Todos excepto el TODO, están sujetos a ellas. Lo que está en la infinita
mente del TODO es real, sólo un grado menos que la realidad misma que constituye la naturaleza del
TODO.

No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos firmemente sostenidos en la mente
infinita, y nada existe que pueda dañarnos o causarnos miedo. No hay poder alguno fuera del TODO
que pueda afectarnos. Podemos permanecer tranquilos y seguros. Y en esta realización, una vez
alcanzada, existe una plenitud de seguridad y calma. Entonces dormiremos serenamente sobre la
firmeza inconcebible de lo Profundo, y descansaremos seguramente sobre el Océano de la mente
Infinita que constituye al TODO. En Él, ciertamente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

La materia no es menos materia para nosotros mientras permanezcamos en ese plano, aunque
sepamos que no es más que un agregado de partículas de fuerza, o electrones, que vibran rápidamente,
girando unas en torno de otras, en la formación de los átomos. Los átomos, a su vez giran y vibran y
forman así las moléculas, y la agrupación de estas últimas componen las grandes masas de materia. Y
no será menos materia por el hecho de que, cuando avancemos en nuestra investigación, sepamos que
la fuerza, cuyas unidades son los electrones, no son a su vez más que unidades de manifestación de la
mente del TODO, y que como todo lo demás en el universo es puramente mental en su naturaleza.

Aunque en el plano de la Materia tenemos que reconocer sus fenómenos, podemos dominarla (como lo
hacen todos los maestros en menor o mayor grado), aplicándoles las fuerzas superiores.

Cometeríamos
así una locura si negáramos la existencia de la materia en ese aspecto relativo. Podemos, sí, negar su
dominio sobre nosotros; está bien, pero no debemos intentar ignorarla en su aspecto relativo, por lo
menos mientras vivamos en este plano.

Las leyes de la naturaleza tampoco se hacen menos constantes o efectivas por el hecho de que las
conozcamos y sepamos que son simples creaciones mentales. Obran plenamente en todos los planos. Y
nos libertamos de las leyes inferiores, aplicándoles las superiores, y sólo podemos conseguirlo de ésta
manera. Pero no podemos escapar a la Ley o elevarnos por encima de ella completamente. Nadie, sino
el TODO, puede escapar a la Ley, y esto es debido a que el TODO es la ley misma, de la cual todas las
demás brotan. Los más avanzados maestros pueden adquirir los poderes que se atribuyen generalmente
a los dioses, y existen muchos grados del ser en la gran jerarquía de la vida, cuyos poderes trascienden
hasta los de los más elevados maestros, en un grado inconcebible para los mortales, pero hasta el
Maestro más grande y el ser más elevado debe inclinarse ante la Ley y son como nada ante los ojos del
TODO. Así que si hasta esos elevados seres, cuyos poderes exceden a los atribuidos por el hombre a
sus dioses, están sujetos y sirven a la Ley, imagina la presunción del mortal de nuestra raza cuando
mira las leyes de la Naturaleza como «irreales», visionarias e ilusorias, porque ha podido alcanzar a ver
que esas leyes son de naturaleza mental, o simples creaciones del TODO. Esas leyes que el TODO
quiere que rijan no pueden ser desafiadas o transgredidas. Mientras subsista el Universo subsistirán,
porque aquel existe en virtud de esas leyes, las que forman la trama o el esqueleto en que el Universo
se apoya.

El Principio hermético del Mentalismo, a la vez que explica la verdadera naturaleza del Universo
sobre la base de que todo es mental, no cambia las concepciones científicas del Universo, de la vida o
de la evolución. En realidad, la ciencia no hace más que corroborar las enseñanzas herméticas.

Estas
últimas enseñan que la naturaleza del Universo es mental, mientras que la ciencia afirma que es
«material»; o, según sus últimas noticias, que es «energía» en el último análisis. Las enseñanzas
herméticas tampoco están en pugna con el principio básico de Herbert Spencer, que postuló la
existencia de una «Energía Infinita y Eterna, de la cual proceden todas las cosas». En realidad, los
hermetistas reconocen en la filosofía de Spencer la más elevada expresión de la obra de las leyes
naturales que jamás se promulgara, y creen que Spencer era una reencarnación de un antiguo filósofo
que vivió en Egipto millares de años ha, y que más tarde vivió como Heráclito, el filósofo griego que
viviera en el año 500 A. C. Y consideran su doctrina de la «energía infinita y eterna» como de acuerdo
con las enseñanzas herméticas siempre con el agregado de que esa energía es la mente del TODO. Con
esta clave maestra de la filosofía Hermética puede el estudiante de Spencer abrir muchas puertas de las
concepciones filosóficas internas del gran filósofo inglés, cuyas obras demuestran los resultados de su
preparación en sus encarnaciones anteriores. Sus enseñanzas respecto a la Evolución y al Ritmo están
casi de perfecto acuerdo con la Doctrina Hermética referente al principio del Ritmo.
Así, pues, el estudiante no necesita dejar a un lado los puntos de vista científicos referentes al
Universo. Todo lo que se le pide es que comprenda el principio básico de que el TODO es mente, de
que el Universo es mental: sostenido firmemente en la mente del TODO. Y encontrará que los otros
seis principios concuerdan perfectamente con este conocimiento científico, y servirán para dilucidar
plenamente los puntos oscuros. No hay que maravillarse de ello, si se considera la influencia que el
pensamiento hermético ejerciera sobre los filósofos primitivos de Grecia, sobre cuyas doctrinas
descansan en gran parte las teorías de la ciencia actual. La aceptación del primer principio hermético
(mentalismo) es la única gran diferencia entre la ciencia moderna y los estudiantes herméticos, y la
ciencia se va dirigiendo gradualmente hacia ese punto, conforme avanza a través de la oscuridad y va
encontrando su camino en el laberinto en que se ha metido en busca de la Realidad.

El objeto de esta lección es imprimir en la mente del estudiante el hecho de que el Universo y sus
leyes y sus fenómenos son tan reales, en lo que al hombre concierne, como lo serían bajo la hipótesis
del materialismo y de la energía. Bajo cualquier hipótesis, el Universo, en su aspecto externo, está
siempre cambiando y es transitorio, y, por consiguiente, está desprovisto de realidad substancial.

Pero,
y nótese el otro polo de la verdad, bajo cualquiera de dichas hipótesis estamos obligados a obrar y a
vivir como si esas cosas fugaces fueran reales y substanciales. Con esta diferencia siempre, que según
las doctrinas se ignoraba el poder mental como Fuerza Natural, mientras que ahora vemos que el
Mentalismo es la mayor fuerza de esa clase. Y esta sola diferencia basta para revolucionar la vida de
aquellos que comprenden el principio y la práctica y leyes resultantes.

Por último, una vez que se comprenda la ventaja del Mentalismo se aprende a conocer, emplear y
aplicar las leyes resultantes. Pero no se caiga en la tentación que, según indica El Kybalion, acecha al
medio-sabio que lo hace hipnotizarse por la aparente irrealidad de las cosas, siendo su conciencia que
camina de un lado para otro como soñando, viviendo en un mundo de ensueños, ignorando la vida
diaria y su trabajo, siendo su final que se destrozará contra las rocas y se disolverá en los elementos, en
razón de su locura. Más bien seguid el ejemplo del sabio que la misma autoridad indica: «úsese la Ley
contra las leyes; lo superior contra lo inferior, y por el arte de la alquimia trasmutad lo que no es
deseable en lo estimable, triunfando en esa forma». De acuerdo con esta doctrina, debe evitarse la
media-sabiduría, que es locura y que ignora la verdad de que: «El dominio consiste, no en sueños
anormales o visiones y fantásticas imaginaciones, sino en emplear las fuerzas superiores contra las
inferiores, escapando así a los dolores de los planos inferiores mediante la elevación a los superiores».

Recuérdese siempre que la «transmutación y no la negación presuntuosa es el arma del Maestro». Las
citas antedichas pertenecen a El Kybalion, y son muy dignas de tenerlas siempre presentes.

No vivimos en un mundo de sueños, sino en un Universo que, si bien es relativo, es real, por lo
menos en lo que concierne a nuestra vida y obras. Nuestra misión en el Universo no es negar su
existencia, sino vivir, empleando debidamente sus leyes para ascender de lo inferior a lo superior,
viviendo y haciendo lo mejor que podamos dentro de las circunstancias que surgen cada día, y
viviendo, todo lo posible, nuestras más elevadas ideas e ideales. El verdadero significado de la vida no
es conocido por el hombre en este plano —si es que alguien lo conoce—; pero los más sabios, y
nuestras propias intuiciones también, nos enseñan que no nos equivocaremos si tratamos de vivir lo
mejor posible y realizar la tendencia universal en el mismo sentido, a pesar de las aparentes evidencias
en contra. Todos estamos en el Camino, y esta vía va siempre ascendiendo, con frecuentes sitios de
reposo.

Léase el mensaje de El Kybalion, y sígase el ejemplo del sabio, evitando el error del medio-sabio,
quien perece en razón de su locura.

* * *

El Kybalión

«EL TODO» EN TODO


CAPÍTULO VII

«EL TODO» EN TODO

«Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El que
comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento.»

El Kybalion.


¡Cuan a menudo se ha oído a la mayoría repetir la afirmación de que su Deidad era «todo en todo»,
y cuán poco ha sospechado el íntimo significado oculto encerrado en esas palabras emitidas tan sin ton
ni son! La presión comúnmente empleada es lo que ha quedado de la máxima hermética del epígrafe.
Como dice El Kybalion: «El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento».

Y si
esto es así, tratemos de comprender lo que significa, dada su gran importancia.

En esa máxima está encerrada una de las más grandes verdades filosóficas, científicas y religiosas.

Ya hemos dado la enseñanza hermética concerniente a la naturaleza mental del Universo —la
verdad de que «el Universo es Mental, sostenido en la mente del TODO». Como dice El Kybalion en el
pasaje citado: «todas las cosas están en el TODO». Pero nótese también la siguiente afirmación
correlacionada: «Es igualmente cierto que el TODO está en todas las cosas». Esta contradicción
aparente es conciliable según la ley de la Paradoja. Es, además, una afirmación hermética exacta sobre
las relaciones que existen en el TODO y su Universo mental. Ya hemos visto como es que todo está en
el TODO; examinemos ahora el segundo aspecto del asunto.

La doctrina hermética indica que el TODO es inminente e inherente al Universo, así como en toda
parte, partícula, unidad o combinación, dentro del universo.

Los maestros suelen ilustrar este postulado, refiriéndose al Principio de Correspondencia. El
instructor pide al estudiante que forme una imagen mental de algo, de una persona, una idea o alguna
cosa que tenga forma mental, siendo el ejemplo preferido el de un autor que se esté formando una idea
de los personajes, el de un pintor o escultor que esté creando la imagen mental de lo que trata de
expresar con su arte. En cada caso el estudiante verá que, aunque la imagen tiene existencia y ser
únicamente dentro de su propia mente, sin embargo, el estudiante mismo, autor, pintor, o escultor es, en
cierto sentido, inmanente en dicha imagen. En otras palabras, toda la virtud, vida, espíritu o realidad de
la imagen mental se deriva de la «inmanente mente» del pensador. Medítese esto un instante hasta que
se comprenda bien la idea.

Empleando otro ejemplo, podríamos decir que Otelo, Yago, Hamlet, Lear, Ricardo III, etc.,
existieron en la mente de Shakespeare en el momento de su concepción o creación. Y, sin embargo,
Shakespeare existió también dentro de cada uno de esos personajes, dándoles su vitalidad, su espíritu y
su acción.

¿Cuál es el espíritu de los personajes que conocemos como Micawber, Oliver Twist, Uriah
Heep?… ¿Es Charles Dickens o tiene cada uno de ellos un espíritu personal, independiente de su
creador? ¿Tienen la Venus de Médicis, la Madonna Sixtina, el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad
propios o representan los poderes mentales y espirituales de sus creadores? La Ley de la Paradoja
explica que ambas proposiciones son ciertas, consideradas desde los puntos de vista apropiados.
Micawber es, a la vez, Micawber y Dickens. Y mientras puede decirse que Micawber es Dickens,
Dickens no es idéntico a Micawber. El hombre, como Micawber, puede exclamar: «El espíritu de mi
creador me es inherente, y, sin embargo, yo no soy Él». Esto es muy diferente de la chocante
media-verdad que clamorosamente anuncian algunos medio-sabios, diciendo: «Yo soy Dios». Imaginad
al pobre Micawber o al ratero Uriah Heep exclamando: «Yo soy Dickens», o a cualquier otro personaje
de las obras de Shakespeare anunciando: «Yo soy Shakespeare». El TODO está en la lombriz, pero la
lombriz está muy lejos de ser el TODO. Pero aunque la lombriz exista meramente como una pequeña
cosa, creada y teniendo su ser únicamente en la mente del TODO, el TODO es inmanente a ella, así
como en las partículas que la componen. ¿Puede haber algún misterio mayor que el encerrado en esa
proposición: «Todo está en el TODO y el TODO está en todo?».

El estudiante comprenderá, por supuesto, que las ilustraciones dadas más arriba son necesariamente
imperfectas e inadecuadas, porque representan la creación de imágenes mentales en mentes finitas,
mientras que el Universo es la creación de una mente infinita, y la diferencia entre los dos polos las
separa. Y, sin embargo, es sólo cuestión de grado —el mismo Principio es el que opera— el Principio
de Correspondencia se manifiesta en cada una: «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba».

Y en proporción a la realización que obtenga el hombre de la existencia del Espíritu Subyacente
inmanente en su propio ser se elevará en la escala de la vida. Esto es lo que significa el desarrollo
espiritual; el reconocimiento, la realización y la manifestación del Espíritu interno. Recuérdese siempre
esta definición (la del desenvolvimiento espiritual), porque contiene la verdad de toda verdadera
Religión.

Existen muchos Planos del Ser, muchos subplanos de vida, muchos grados de existencia en el
Universo. Y todos dependen del adelanto de los seres en la escala, cuyo punto más bajo es la materia
más densa, estando el Ser más elevado separado del Espíritu del TODO sólo por una sutilísima
división, y por todas partes, a lo largo de esta escala de la vida, todo está en movimiento. Todos están
en el sendero, cuyo fin y meta es el TODO. Todo progreso es una vuelta al hogar. Todo se mueve hacia
arriba, adelante, a pesar de las aparentes contradicciones. Éste es el mensaje del iluminado.
La doctrina hermética concerniente al proceso de la creación mental del Universo es que, al
principio del ciclo creador, el TODO, en su aspecto de ser, proyecta su voluntad hacia su aspecto de
«Devenir» y el proceso de la creación comienza. Se dice que este proceso se reduce a una disminución
gradual de intensidad vibratoria hasta que se alcanza un grado muy bajo de energía vibrante, en cuyo
punto se manifiesta la forma más densa posible de materia. Este proceso se llama involución porque el
TODO se «envuelve» en su creación. Y esto tiene su correspondencia en los procesos mentales de un
artista, escritor o inventor, quien se «envuelve» tanto en su creación mental que olvida casi
completamente su propia existencia, pues en esos momentos «vive en su creación». Si en vez de la
palabra «envolverse» empleáramos la de «absorberse», quizá se diera una idea más clara del
significado que trata de sugerir.

A este estado involucionario de la creación suele también llamársele la «Emanación» de la energía
divina, así como el estado evolucionario se denomina «Absorción». Al polo más extremo del proceso
creador, se le considera como el más separado del TODO, en tanto que el principio del estado evolutivo
es mirado como un retorno de la oscilación del péndulo del Ritmo, como una vuelta al hogar.
La enseñanza es que durante la Efusión las vibraciones se van amortiguando gradualmente hasta
que el impulso amortiguador cesa por último, y entonces se produce el retorno de la oscilación
pendular. Pero existe esta diferencia: que mientras en la efusión se manifiestan las fuerzas creadoras
compactamente, como un todo desde el comienzo mismo del estado evolutivo o de «reabsorción» se
manifiesta la ley de la individualización; esto es, la tendencia a separarse en unidades de fuerza, de tal
manera que lo que dejó al TODO como no individualizada energía vuelve a su fuente originaria como
innumerables unidades de vida, altamente desarrolladas, que se han ido levantando cada vez más alto
en la escala por medio de la evolución física, mental y espiritual.

Los antiguos herméticos empleaban la palabra «meditación» para describir el proceso de la
creación mental del Universo en la mente del TODO, habiéndose empleado también frecuentemente la
palabra «contemplación».

Pero la idea que parece sugerir es la del empleo de la Atención Divina. «Atención» es una palabra
derivada de raíz latina, que significa «alcanzar, llegar», y el acto de atención es realmente un «alcance,
una extensión» de la energía mental; de manera, pues, que comprenderemos perfectamente el concepto
si examinamos el verdadero significado de la atención.

La doctrina hermética concerniente a la evolución es que el TODO, habiendo meditado sobre el
principio de la creación, y establecido así la base material del Cosmos, pensándolo en la existencia,
gradualmente va despertándose de su meditación, y al hacerlo produce la manifestación del proceso
evolutivo, en los planos material, mental y espiritual, sucesivamente en orden. Así empieza el
movimiento ascendente, y todos los seres comienzan a dirigirse hacia el Espíritu. La materia se va
haciendo menos densa, las unidades vienen a ser, las combinaciones se inician, la vida aparece y va
manifestándose en formas cada vez más elevadas y la mente se va haciendo más evidente, vibrando
todo cada vez más intensamente. En una palabra, el proceso entero de la evolución, en todas sus fases,
comienza y sigue de acuerdo con las leyes del proceso de «absorción». Todo esto ocupa eones y eones
de tiempo, estando compuesto cada eón por millones de años; pero, según dice el iluminado, toda la
creación, incluyendo la involución y la evolución de un universo, no es más que un abrir y cerrar de
ojos para el TODO. Al final de innúmeros ciclos de eones de tiempo el TODO retira su atención
(contemplación) o meditación del Universo, porque la Gran Obra ha terminado, y todo queda absorbido
en Él de quien otrora emergiera.

Pero el misterio de los misterios es que el Espíritu de cada alma no queda aniquilado, sino que se
expande infinitamente, sumergiéndose uno en otro el Creador y el Creado. Ésa es la voz de la
iluminación.

La iluminación expuesta sobre la meditación y el subsiguiente despertar de ella del TODO no es,
por supuesto, más que un intento de descripción del proceso infinito, mediante un ejemplo finito. Pero,
no obstante: «Como es arriba es abajo». La diferencia es sólo de grado. Y así, como el TODO se
despierta de su meditación sobre el Universo, así también el hombre (a su debido tiempo) cesará de
manifestarse sobre el plano material y se irá retirando cada vez más en el espíritu Interno, que,
ciertamente, es el «Ego Divino».

Hay otra cosa más de la que deseamos hablar en esta lección, y esto llega muy cerca del campo
metafísico de especulación, aunque nuestro propósito es simplemente el mostrar la futilidad de tal
especulación. Aludimos a la pregunta que inevitablemente se presenta ante la mente de todos los
pensadores que se han aventurado a buscar la Verdad, la pregunta es: ¿Por qué creó el TODO al
Universo? Esta pregunta podrá ser formulada en diferente forma, pero su esencia es siempre la misma.

Mucho han luchado los hombres para contestársela, pero aún no se posee respuesta alguna que
merezca ese nombre. Algunos se han imaginado que el TODO ganaría algo con ello, pero eso es
absurdo, porque ¿qué es lo que podrá obtener el TODO que ya no posea? Otros dicen que el TODO
desea amar a algo, o que lo había creado para divertirse, o porque estaba silo, o para manifestar su
poder. Pero todas esas respuestas son pueriles e infantiles y pertenecen a la primera infancia del
pensamiento.
Algunos han tratado de explicar el misterio presumiendo que el TODO se vio «compelido» a crear,
en razón de su «naturaleza interna», o su «instinto creador».

Esa idea, si bien representa un adelanto sobre las otras, tiene un punto débil. Si su «naturaleza
interna o instinto creador» lo impulsara a hacer algo, entonces la naturaleza interna o instinto creador
sería el Absoluto, en vez del TODO, y de ahí que la proposición falle por su misma base. Sin embargo,
el TODO crea y se manifiesta y parece encontrar cierta satisfacción al hacerlo. Y es muy difícil escapar
a la conclusión de que en algún grado infinito tendría que tener algo que correspondiera a una
naturaleza interna o instinto creador en el hombre, con un deseo y Voluntad correspondientemente
infinito. No podría obrar si no quisiera hacerlo, no podría hacerlo a menos que lo deseara, y no lo
desearía si no obtuviera con ello una satisfacción. Y todas estas cosas pertenecerían a una Naturaleza
interna, y podría postularse su existencia de acuerdo con la Ley de Correspondencia, tanto interna
como externa. Éste es el problema que yace en la raíz misma de la dificultad y la dificultad que se
encuentra en la misma raíz del problema.

Estrictamente hablando, no puede decirse que haya ninguna «razón» para obrar, porque una razón
implica una causa, y el todo está por encima de la causa y del efecto, salvo cuando su voluntad misma
se convierte en una causa, en cuyo momento el principio se pone en movimiento. De manera, pues, que
no puede pensarse en el mismo asunto, porque como el mismo TODO es incognoscible. Así como nos
vemos obligados a decir simplemente: EL TODO ES, así también sólo podemos decir que el TODO
OBRA PORQUE OBRA. Y, en último término, el TODO es la razón en sí misma, y puede decirse en
verdad que Él es su propia razón, su propia ley; su propio acto, mejor aún: Que el TODO, su razón, su
acto y su ley, son uno, siendo las palabras diferentes nombres de la misma cosa. En opinión de los que
esto escriben, la respuesta se halla encerrada en el íntimo ser del TODO, en su ser secreto. La Ley de
correspondencia, en nuestra opinión, sólo llega al aspecto del TODO que denominamos el aspecto de
devenir o de estado. Tras ese aspecto está el de ser, en el cual todas las leyes se pierden en la Ley, todos
los principios en el Principio y el TODO, el Principio y el Ser, son idénticos, uno y lo mismo.
Por consiguiente, toda especulación metafísica sobre el punto es fútil. Si nos ocupamos aquí de la
cuestión es sólo para mostrar que, si bien reconocemos el hecho, reconocemos también lo absurdo de
las respuestas dadas por metafísicos y teólogos.

En conclusión, podrá ser de interés para los estudiantes el saber que en tanto que algunos de los
antiguos y modernos instructores herméticos se inclinan más bien a aplicar el Principio de
Correspondencia a la cuestión, que da por resultado la «naturaleza interna», la leyenda dice que
Hermes, el Grande, cuando le fue hecha esa pregunta por algunos de sus más avanzados estudiantes,
contestó apretando los labios fuertemente y no diciendo una palabra, como si indicara que no había
respuesta. Pero también puede ser que quisiera aplicar el axioma de esta filosofía que dice que «los
labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para los oídos del entendimiento», en la creencia
de que aún sus más aventajados discípulos no poseían la comprensión necesaria que los calificara para
esa enseñanza. De cualquier manera, si Hermes poseyó el Secreto no lo comunicó, y por lo menos en lo
que al mundo concierne los labios de Hermes están cerrados al respecto. Y si Hermes el Grande vaciló
en hablar, ¿quién sería el osado mortal que tratara de enseñarlo?

Pero, recordémoslo, cualquiera que sea la respuesta de este problema, si es que hay alguna, la
verdad es que: «Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas
las cosas». La proposición en este punto es enfática. Y, para terminar, repetiremos las palabras de la
cita: «El que comprenda esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento».

* * *

El Kybalión

LOS PLANOS DE CORRESPONDENCIA



CAPÍTULO VIII

LOS PLANOS DE CORRESPONDENCIA

«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.»
El Kybalion.


El segundo gran principio hermético encierra la verdad de que existe entre los diversos planos de
manifestación de la vida y del ser una armonía, concordancia y correspondencia. Esta verdad lo es
porque todo cuanto hay en el Universo emanó de la misma fuente, y las mismas leyes, principios y
características se aplican a cada unidad o combinación de unidades de actividad, conforme cada una
manifiesta su propio fenómeno en su propio plano.

Para facilitar la meditación y el estudio, la Filosofía hermética considera que el Universo puede
dividirse en tres grandes clases de fenómenos, conocidas como los tres Grandes Planos:
I.EL PLANO FÍSICO.

II.EL PLANO MENTAL.

III.EL PLANO ESPIRITUAL.

Estas divisiones son más o menos artificiales y arbitrarias, porque la verdad es que las tres
divisiones no son más que grados ascendentes en la gran escala de la vida, siendo el punto más bajo la
materia indiferenciada, y el más elevado el del Espíritu. Y, además, los diferentes planos se esfuman
unos en otros, de manera que no puede establecerse una división firme y nítida entre la parte superior
del Plano Físico y la inferior del Mental.

En una palabra, los tres grandes planos pueden ser considerados como tres grandes grupos de
grados de vida en manifestación. Y aunque el propósito de este libro no nos permite entrar en una
explicación extensa de los mismos, daremos una descripción general de ellos.
Para principiar podemos considerar la pregunta tan a menudo formulada por el neófito, que desea
saber lo que significa realmente la palabra «Plano», término que se usa libremente, y que apenas ha
sido explicado, en muchas obras de ocultismo. La pregunta se formula generalmente así: «¿Un Plano es
un lugar que tiene dimensiones, o no es más que una condición o estado?» Y podemos contestar «No,
no es un lugar ni una dimensión ordinaria del espacio; pero, sin embargo, es más que un estado o
condición». Puede ser considerado como un estado o condición; pero, no obstante, el estado o
condición es un grado dimensional, es una escala, y está sujeto a medida. Parecerá esto quizá una
paradoja, pero examinemos el punto. Una «dimensión» es una medida en línea recta, relacionada con
una medida base, etc. Las dimensiones ordinarias del espacio son longitud o largo, latitud o ancho, y
grosor o altura. Pero existe otra dimensión de las cosas creadas, o medida en línea recta, conocida por
los ocultistas y también por los hombres de ciencia, aunque estos últimos no le hayan dado todavía el
nombre de dimensión. Esta nueva dimensión, que por el momento es la base de muchas especulaciones
bajo el nombre de Cuarta Dimensión, es el tipo usado para determinar los «grados» o planos.

Esta cuarta dimensión puede ser denominada la de la «Vibración». Es un hecho bien conocido por
la ciencia moderna, así como por los hermetistas, quienes han encerrado esa verdad en su tercer
principio, que «todo está en movimiento, todo vibra, nada está en reposo». Desde la más elevada
manifestación hasta la más baja, todas las cosas vibran. Y no solamente vibran con diferente intensidad,
sino en diferentes dimensiones y de diferente manera. Los grados de «intensidad» vibratoria
constituyen los grados para medir en la escala de vibraciones, o sea los grados de la Cuarta Dimensión.

Todos estos grados forman lo que los ocultistas llaman «planos».

Cuanto más elevado es el grado de vibración, tanto más elevado es el plano. De manera, pues, que
aunque un plano no es un lugar, ni estado o condición, posee, sin embargo, cualidades comunes a
ambos. Algo más tendremos que decir sobre las vibraciones en los próximos capítulos, en los que
estudiaremos el principio hermético de Vibración.

Se recordará, no obstante, que los tres grandes planos no son divisiones actuales y reales de los
fenómenos del Universo, sino simples medios arbitrarios empleados por los herméticos para ayudar al
pensamiento y al estudio de los diversos grados y formas de la actividad y de la vida universales.

El
átomo de la materia, la unidad de fuerza, la mente del hombre y el ser del arcángel, no son más que
grados de una sola y misma escala, y todos son fundamentalmente los mismos, siendo la diferencia sólo
cuestión de grado y de intensidad vibratoria: todos son creaciones del TODO, y tienen su existencia
dentro de su mente infinita.

Los herméticos subdividen cada uno de esos tres grandes planos en siete planos menores, y cada
uno de éstos en siete subplanos, siendo estas divisiones más o menos arbitrarias, esfumándose unas en
otras, pero han sido adoptadas por conveniencias del estudio científico.

El Gran Plano Físico, y sus siete planos menores, es la división que comprende todos los
fenómenos del universo que se refieren a las cosas, fuerzas y manifestaciones físicas. Incluye todas las
formas de lo que conocemos como materia, y todas las formas de lo que llamamos energía o fuerza.

Pero se debe recordar que la Filosofía Hermética no reconoce la materia como una cosa en sí misma, o
como si tuviera una existencia separada de la mente del TODO. La proposición es que la materia no es
más que una forma de energía, esto es, energía de una intensidad vibratoria inferior de cierta clase. Y
de acuerdo con ello, los herméticos clasifican la materia bajo el título de energía, y le adjudican tres de
los siete planos menores del Gran Plano Físico.

Dichas siete divisiones menores son las siguientes:

I.El plano de materia (A)

II.El plano de materia (B)

III.El plano de materia (C)

IV.El plano de sustancia etérea.

V.El plano de energía (A)

VI.El plano de energía (B)

VII.El plano de energía (C)

El Plano de Materia A comprende las formas materiales sólidas, líquidas y gases, tal como lo
reconocen generalmente las obras de texto físicas. El Plano de Materia B comprende ciertas formas
más elevadas y sutiles de la existencia que la ciencia recién comienza a conocer: los fenómenos de la
materia radiante, bajo sus fases de radium, etc., que pertenecen a la subdivisión más inferior de este
plano menor. El Plano de la Materia C comprende formas de la materia más sutil y tenue, cuya
existencia ni siquiera sospechan los hombres de ciencia actuales. El Plano de la sustancia Etérea
comprende lo que la ciencia denomina «éter», sustancia de tenuidad extrema y de prodigiosa
elasticidad, que compenetra todo el Espacio Universal y que obra como medio para la transmisión de
ondas de energía tales como la luz, el calor, la electricidad, etc. Esta sustancia etérea es el eslabón de
unión entre la llamada materia y la energía, participando de la naturaleza de ambas. La doctrina
hermética dice que ese plano tiene siete subdivisiones (como las tienen los demás planos menores), y
que, en realidad, hay siete éteres en vez de uno.

Inmediatamente después viene el Plano de la Energía A, que comprende las formas de energía que
la ciencia conoce corrientemente, siendo sus siete subdivisiones respectivamente: Calor, Luz,
Magnetismo, Electricidad, Atracción (gravitación, cohesión, afinidad química, etc.) y otras varias
formas de fuerza que revelan los experimentos científicos, pero que aún no han sido denominadas o
clasificadas. El Plano de la Energía B comprende siete subdivisiones de las más elevadas modalidades
de energía, que aún no ha descubierto la ciencia, pero que han sido llamadas «Las Fuerzas Sutiles de la
Naturaleza», cuya manifestación se provoca mediante ciertos fenómenos mentales, cuyos fenómenos
son posibles merced a ellas. El Plano de la Energía C comprende siete subdivisiones de energía tan
elevadamente organizada que tiene muchas de las características de la vida, pero no son reconocidas
por el hombre en el actual estado de desarrollo, siendo utilizables solamente para los seres del Planeta
Espiritual. Esa energía es inconcebible y puede ser considerada casi como «poder divino». Los seres
que la emplean son como dioses, aun comparándolos con el tipo humano más elevado que conozcamos.

El Gran Plano Mental comprende esas formas de cosas vivientes que conocemos en la vida
ordinaria, así como otras formas no tan bien conocidas, salvo por los ocultistas.

La clasificación de los siete planos mentales menores no es muy satisfactoria sino más bien
arbitraria (salvo que se acompañara por complicadas explicaciones que son ajenas al propósito de este
libro), pero la mencionaremos.

I.El plano de la mente mineral

II.El plano de la mente elemental (A)

III.El plano de la mente vegetal

IV.El plano de la mente elemental (B)

V.El plano de la mente animal

VI.El plano de la mente elemental (C)

VII.El plano de la mente humana.

El Plano de la Mente Mineral comprende los estados o condiciones de las unidades o entidades, o
grupos y combinaciones de las mismas, que animan las formas conocidas bajo el nombre de minerales,
substancias químicas, etc. Estas entidades no deben ser confundidas con las moléculas, átomos y
corpúsculos siendo estos últimos sólo el cuerpo material de dichas entidades, así como el cuerpo del
hombre no es más que su forma material y no él mismo. A esas entidades se las puede llamar «almas»
en cierto sentido, y son seres vivientes de escaso grado de desarrollo, vida y mentalidad, apenas un
poco más que las unidades de «energía viviente» que comprenden las subdivisiones superiores del más
elevado plano físico. El hombre corriente no suele atribuir mente, alma o vida al reino mineral, pero
todos los ocultistas reconocen la existencia del mismo, y la ciencia moderna se está encaminando
rápidamente hacia este punto de vista. Las moléculas, átomos y corpúsculos tienen sus «odios y
amores», gustos y desagrados, atracciones y repulsiones, afinidades y no-afinidades, etc., y algunos
hombres de ciencia han expresado la opinión de que el deseo y la voluntad, las emociones y
sentimientos de los átomos sólo difieren en grado de los del hombre. No tenemos espacio para discutir
el asunto aquí. Todos los ocultistas saben que es un hecho, y otros se refieren a los descubrimientos
científicos más recientes para que se vea su corroboración. Este plano tiene las siete subdivisiones
habituales.

El Plano de la Mente Elemental A comprende el estado o condición y grado de desarrollo mental y
vital de una clase de entidades desconocidas para el hombre corriente, pero que el ocultista conoce. Son
invisibles para los sentidos ordinarios del hombre, pero, no obstante, existen y desempeñan su papel en
el Drama del Universo. Su grado de inteligencia es intermedio entre las entidades minerales y químicas
por una parte y las entidades del reino animal por la otra. Hay siete subdivisiones en este plano
también.

El Plano de la Mente Vegetal y sus siete subdivisiones comprende los estados o condiciones de las
entidades que encierra el mundo vegetal, los fenómenos mentales y vitales que se conocen
corrientemente. Muchas e interesantes obras científicas se han escrito últimamente sobre la mente y la
vida en las plantas. Los vegetales tienen vida, mente y alma, tanto como los animales, el hombre y el
superhombre.

El Plano de la Mente Elemental B y sus siete subdivisiones comprende los estados y condiciones
de una forma de elementales o entidades invisibles, que hacen su obra en el Universo, cuya mente y
vitalidad forma parte de la escala entre el Plano de la Mente Vegetal y el Plano de la mente Animal,
participando dichas entidades de la naturaleza de ambos.

El Plano de la Mente Animal y sus siete subdivisiones comprende los estados y condiciones de las
entidades, seres o almas, que animan los cuerpos vivientes de los animales y que son familiares a todos.

No es necesario entrar en detalles concernientes a este reino o plano de vida, porque el mundo animal
nos es tan familiar como el nuestro propio.

El Plano de la Mente Elemental C y sus siete subdivisiones comprende las entidades o seres
invisibles, que participan de la naturaleza de la vida animal y humana, en determinado grado y
combinación. Los elementos pertenecientes a este plano y que están en el grado más elevado del
mismo, son semihumanos en inteligencia.

El Plano de la mente Humana y sus siete subdivisiones comprende las manifestaciones de la vida y
mentalidad que son comunes al hombre en sus varios grados y divisiones. En este punto debemos
indicar el hecho de que el hombre corriente actual ocupa la cuarta subdivisión del Plano de la mente
Humana, y sólo los más inteligentes han cruzado los límites de la quinta subdivisión. Millones de años
ha empleado la raza para alcanzar este estadio, y tardará muchos años más en llegar a las subdivisiones
sexta y séptima. Pero debemos recordar que ha habido razas anteriores a las nuestras que han pasado
por esos grados y después más allá de ellos. Nuestra propia raza es la quinta (con más los rezagados de
la cuarta) que huella el Sendero. En ella ha habido unas cuantas almas avanzadas que han sobrepasado
a la masa y han llegado a la sexta y hasta la séptima subdivisión, y algunos un poco más allá todavía. El
hombre de la sexta subdivisión será el superhombre, y el de la séptima el ultra hombre.

Al considerar los siete planos mentales menores nos hemos referido a los tres planos elementales
en un sentido general. No deseamos entrar en mayores detalles en esta obra, porque el asunto no
pertenece a este plano de la filosofía y enseñanzas generales. Pero hemos dicho esto para dar una idea
un poco más clara de las relaciones de estos planos con los que nos más familiares. Los Planos
Elementales guardan la misma relación en mentalidad y vitalidad con los Planos Mineral, Vegetal,
Animal y Humano, que las teclas negras de un piano con las blancas. Las teclas blancas bastan para
producir música, pero hay ciertas escalas, melodías y armonías en las que las teclas negras desempeñan
su parte, siendo necesaria su presencia. Son también necesarias como eslabones de unión en las
condiciones anímicas, o estados de ser diversos, entre los demás planos, alcanzándose así ciertas
formas de desenvolvimiento. Y este hecho dará al lector que pueda leer entre líneas una luz nueva
sobre el proceso de la evolución, una nueva clave para la secreta puerta de la vida que se oculta entre
reino y reino. Todos los ocultistas conocen perfectamente esos grandes reinos de Elementales, y las
obras esotéricas están llenas de alusiones a los mismos.

Los que hayan leído Zanoni, de Bulwer Lytton, y otras leyendas similares, reconocerán a esas
entidades pertenecientes a los mencionados planos de la vida.
Pasando del gran Plano Mental al Gran Plano Espiritual, ¿qué es lo que podríamos decir?, ¿Cómo
podríamos explicar esos elevados estados del ser, de la vida y de la mentalidad a mentes que son
todavía incapaces de comprender las subdivisiones más elevadas del Plano de la Mente Humana?

Esa
tarea es imposible. Sólo podemos hablar en los términos más generales. ¿Cómo podría describirse la
luz a un hombre que haya nacido ciego?, ¿Cómo explicar el azúcar a quien nunca ha probado algo
dulce?, ¿Cómo hablar de armonía a un sordo?.

Todo lo que podemos decir es que los siete planos menores del Gran Plano Espiritual (cada uno de
los cuales tiene las usuales siete subdivisiones), comprenden seres tan superiores al hombre actual
como este último es superior al gusano o quizás a formas aún inferiores. La vida de esos seres
trasciende tanto a la nuestra que ni siquiera podemos pensar en los detalles de las mismas. Su mente es
tan elevada que, por ellos, nosotros apenas si pensamos, y nuestros procesos mentales les parecen puros
procesos materiales. La materia que forma sus cuerpos es del plano más elevado, y algunos se dicen
que están envueltos por pura energía. ¿Qué es lo que podría decirse sobre tales seres?

En los siete planos menores del Gran Plano Espiritual existen seres de quienes hablamos como
Ángeles, Arcángeles o semi-dioses. En los planos menores inferiores viven aquellos a quienes damos el
nombre de Maestros y Adeptos. Sobre ellos están las grandes jerarquías de huestes angélicas,
inconcebibles para el hombre, y sobre ellas están los que sin irreverencia alguna podrían llamarse
dioses, pues su grado de elevación en la escala es tan alto, tan grande su poder e inteligencia, que
sobrepasan a todas las concepciones que el hombre se ha formado sobre la Deidad. Esos hombres están
de todo cuanto se pueda imaginar, siendo la palabra «Divino» la única que se les podría aplicar.
Muchos de esos seres, incluso las huestes angelicales, tienen sumo interés por las cosas del Universo y
desempeñan un papel importantísimo en sus procesos. Esas invisibles divinidades y auxiliares
angélicas ejercen su influencia libremente y poderosamente en la obra de la evolución y del progreso
cósmico. Su intervención ocasional y auxilio directo en los asuntos humanos han dado origen a muchas
leyendas, creencias, religiones y tradiciones de las razas pasadas y actuales. Han superpuesto su
conocimiento y poder sobre el mundo una y otra vez, todo bajo la ley del TODO, por supuesto.
Pero sin embargo, aún esos elevadísimos seres existen meramente como creaciones de la mente del
TODO y están sujetos a los procesos cósmicos y a las leyes universales. Son todavía mortales,
podemos llamarlos «dioses» si nos agrada, pero no son más que nuestros hermanos mayores: las almas
avanzadas que han sobrepasado a sus compañeras y que han renunciado temporalmente al éxtasis de la
absorción en el TODO, para poder ayudar a la raza en su ascendente jornada en el Sendero. Pero
pertenecen al Universo y están sujetos a sus condiciones —son mortales y su plano es inferior al del
Espíritu Absoluto.

Sólo los herméticos más avanzados son capaces de comprender las enseñanzas secretas
concernientes al estado de existencia y a los poderes manifestados en los planos espirituales. El
fenómeno es tan superior al que se produce en los Planos Mentales que cualquier intento de descripción
sólo serviría para producir una gran confusión de ideas. Únicamente aquellos cuya mentalidad ha sido
cuidadosamente educada en la Filosofía Hermética durante años enteros, y los que han traído consigo,
de encarnaciones anteriores, el conocimiento adquirido previamente, pueden comprender
adecuadamente lo que significan las enseñanzas referentes a los planos espirituales. Y muchas de ellas
las guardan celosamente los herméticos por considerarlas demasiado sagradas, importantes y hasta
peligrosas, como para divulgarlas públicamente. El estudiante inteligente comprenderá lo que esto
significa si dijéramos que el significado de la palabra «Espíritu», tal como lo usan los herméticos, es
sinónimo de «poder viviente», de fuerza animada, de esencia interna o vital, etc., significación que no
debe confundirse con lo que generalmente se atribuye al término en cuestión: «religioso, eclesiástico,
espiritual, etéreo, santo, etc.». El ocultista emplea la palabra Espíritu en el sentido de «principio
animador», lo que lleva consigo la idea de poder, de energía viviente, de fuerza mística, etc. El ocultista
sabe muy bien que lo que él conoce como poder espiritual puede ser empleado con fines buenos o
malos (de acuerdo con el principio de polaridad), hecho que ha sido reconocido por la mayoría de las
religiones en sus concepciones de Satanás, Belcebú, el Diablo, Lucifer, Ángeles caídos, etc. por esta
razón el conocimiento referente a esos planos ha sido mantenido en el secreto, en el Santuario de los
Santuarios de todas las fraternidades esotéricas y órdenes ocultas. Ha sido guardado en la más secreta
cámara del Templo. Pero, y esto si podemos decirlo, los que han alcanzado grandes poderes espirituales
y los han empleado mal se han creado un Destino terrible, y la oscilación del péndulo del Ritmo
inevitablemente los llevará al otro extremo de la existencia material, desde cuyo punto tendrán que
volver nuevamente a hacer el mismo camino a lo largo de las múltiples espirales del Sendero, pero
siempre tendrán como castigo el recuerdo vibrante de las cumbres donde cayeron debido a su mal
obrar. Las leyendas sobre los ángeles caídos tienen una base real, como saben todos los ocultistas.

La
lucha interesada por el poder en los planos espirituales inevitablemente produce que el alma egoísta
pierda su equilibrio espiritual y caiga tan abajo como había ascendido. Pero, aun a estas almas, se les
presenta la oportunidad de volver sobre sus pasos, y hacen la jornada de vuelta pagando la tremenda
penalidad, de acuerdo con la invariable ley.

Para concluir, recordamos que, de acuerdo con el principio de Correspondencia que encierra la
verdad de que «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba», todos los siete principios
herméticos están en plena operación en los diversos planos, físico, mental y espiritual. El Principio de
la Sustancia Mental se aplica, por supuesto, a todos los planos, porque todos están en la mente del
TODO. El Principio de Correspondencia se manifiesta en todos, porque existe analogía, acuerdo,
correspondencia y concordancia entre los varios planos. El Principio de Vibración se manifiesta
también en todos los planos, pues las diferenciales que los dividen son consecuencia de la vibración,
como ya hemos explicado. El Principio de Polaridad se manifiesta en cada plano, siendo los extremos o
polos aparentemente opuestos y contradictorios. El Principio del ritmo se manifiesta en cada plano, con
flujo y reflujo, ascenso y descenso, ingreso y egreso. El Principio de Causa y Efecto se manifiesta en
cada plano, teniendo todo efecto su causa y toda causa su efecto. El Principio de Género se manifiesta
en cada plano, estando siempre expresada la energía creadora y operando mediante los aspectos
masculino y femenino.

«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Los milenarios axiomas herméticos encierran
los grandes principios de los fenómenos universales. Conforme vayamos considerando los restantes
principios, veremos cada vez más clara la verdad de la naturaleza universal de este gran Principio de
Correspondencia.

* * *

El Kybalión

VIBRACIÓN



CAPÍTULO IX

VIBRACIÓN

«Nada reposa; todo se mueve; todo vibra.»

El Kybalion.


El tercer Gran Principio Hermético —el Principio de la Vibración— encierra la verdad de que el
movimiento se manifiesta en todo el Universo. Nada está en reposo, todo se mueve vibra y circula. Este
principio hermético fue reconocido por algunos de los primitivos filósofos griegos, quienes lo
expusieron en sus sistemas. Pero después, durante siglos enteros, quedó olvidado, salvo por los
perseguidores de las doctrinas herméticas. En el siglo XIX la ciencia física ha redescubierto esa verdad,
y los descubrimientos científicos del siglo XX han aportado su testimonio en corroboración de esa
verdad sostenida por la antiquísima Filosofía Hermética.

La doctrina hermética no afirma solamente que todo está en movimiento constante, sino que las
diferencias entre las diversas manifestaciones del poder universal se deben por completo al diferente
modo e intensidad vibratoria. Y no sólo esto, sino que aun el TODO mismo manifiesta una vibración
constante de tal infinita intensidad y rapidez, que prácticamente puede considerarse como si estuviera
en reposo. Los instructores llaman la atención del estudiante sobre el hecho de que aun en el plano
físico un objeto que gire rápidamente, como una rueda, por ejemplo, parece estar inmóvil. El espíritu es
uno de los polos de la vibración, constituyendo el otro polo formas de materia extremadamente densas.

Entre ambos polos hay millones y millones de diferentes intensidades y modos de vibración.
La ciencia moderna ha comprobado que todo lo que llamamos materia y energía no es más que
«modos de movimientos vibratorios», y algunos de los más avanzados hombres de ciencia se están
encaminando rápidamente hacia el punto de vista que los ocultistas tienen sobre los fenómenos de la
mente: simples modos de vibración o movimiento. Veamos ahora lo que la ciencia tiene que decir
sobre las vibraciones en la materia y en la energía.

En primer lugar, la ciencia dice que toda materia manifiesta, en algún grado, la vibración producida
por la temperatura o el calor. Esté un objeto frío o caliente (pues ambos no son más que grados de la
misma cosa), manifiesta ciertas vibraciones calóricas, y en ese sentido está en vibración. Todas las
partículas de materia están siguiendo un movimiento circular, lo mismo los corpúsculos que los astros.

Los planetas giran en torno de un sol, y muchos de ellos giran también sobre sus propios ejes. Los
soles, a su vez, giran en torno de puntos centrales mayores, y se cree que éstos giran también alrededor
de otros todavía más grandes, y así sucesivamente, ad infinitum. Las moléculas de que se compone
cualquier clase de materia están en constante vibración, moviéndose unas en torno de otras, y también
unas contra otras. Las moléculas están compuestas por átomos, los que, como aquellas, también están
en constante movimiento y vibración. Los átomos están compuestos por corpúsculos, llamados también
«electrones», «iones», etc., los que también están en un estado de rapidísima moción, girando unos en
torno de otros, con diversas modalidades vibratorias. Y de esta manera toda materia manifiesta
vibración, de acuerdo con el principio hermético correspondiente.

Y así sucede también con las diversas formas de energía. La ciencia dice que la luz, el calor, el
magnetismo y la electricidad no son más que formas de movimiento vibratorio relacionado de alguna
manera con el éter, o probablemente emanado de él. La ciencia no ha tratado aún de explicar la
naturaleza del fenómeno conocido como cohesión, que es el principio de la atracción molecular, ni de
la afinidad química, que es el principio de la atracción atómica; ni de la gravitación (el mayor misterio
de los tres), que es el principio de atracción por el cual toda partícula o masa de materia se siente
atraída hacia toda otra partícula o masa. Estas tres modalidades de la energía no las comprende aún la
ciencia, si bien los estudiosos se inclinan a pensar que son también manifestaciones de alguna forma de
energía vibratoria, cosa que los herméticos han enseñado durante largas edades en el pasado.

El éter universal, cuya existencia postula la ciencia sin comprender claramente su naturaleza, ya
había sido explicado por los herméticos, quienes aseguraban que era una manifestación superior de lo
que erróneamente se llamaba materia; es decir, que el éter era materia en un grado de vibración
superior. El nombre que le daban era el de Sustancia Etérea, y decían que esta sustancia era de tenuidad
y elasticidad extremas, llenando el espacio universal, sirviendo como médium de transmisión para las
ondas de energía vibratoria como el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo, etc. La sustancia etérea
es el eslabón de unión entre la modalidad de energía vibratoria que conocemos como materia por un
lado y la que conocemos como energía o fuerza, por el otro, manifestando además un grado de
vibración, en intensidad y modo, completamente propio.

Los hombres de ciencia proponen como ilustración para ver los efectos del aumento de vibración
una rueda girando con gran rapidez. Supongamos primeramente que la rueda gira lentamente.

Entonces
diríamos que es un «objeto». Si el objeto gira lentamente lo podremos ver fácilmente, pero no sentimos
el menor sonido. Aumentándose gradualmente la velocidad en pocos momentos se hace ésta tan rápida
que comienza a oírse una nota muy baja y grave. Conforme sigue aumentando la velocidad la nota se
va elevando en la escala musical, y así se van distinguiendo unas tras otras las diversas notas conforme
aumenta la velocidad de rotación. Finalmente, cuando el movimiento ha llegado a cierto límite se llega
a la última nota perceptible por el oído humano, y si la velocidad aumenta aún, sigue el mayor silencio.

Nada se oye ya, pues la intensidad del movimiento es tan alta que el oído humano no puede
registrar sus vibraciones. Entonces comienzan a percibirse poco a poco sucesivos grados de color.

Después de un tiempo el ojo comienza a percibir un oscuro color rojo. Este rojo va haciéndose cada vez
más brillante. Si la velocidad sigue aumentando el rojo se convertirá en anaranjado, el anaranjado en
amarillo. Después seguirán sucesivamente matices verdes, azules y añil, y finalmente aparecerá el
matiz violeta. La velocidad se acrecienta más aún: entonces desaparece todo color, porque el ojo
humano ya no puede registrarlos. Pero ciertas radiaciones humanas emanan del objeto en revolución:

los rayos que se usan en la fotografía y otras radiaciones sutiles de la luz.

Después comienzan a manifestarse los rayos conocidos bajo el nombre de X, y más tarde empiezan
a emanarse electricidad y magnetismo.

Cuando el objeto ha alcanzado cierto grado de vibración, sus moléculas se desintegran,
resolviéndose en sus elementos originales o átomos. Después de los átomos, según el principio de
vibración, se separarían en innumerables corpúsculos o electrones, de los que están compuestos.

Y,
finalmente, hasta los corpúsculos desaparecerían y podría decirse que el objeto estaría compuesto por
sustancia etérea. La ciencia no se atreve a llevar la ilustración más allá, pero los herméticos dicen que si
las vibraciones continuaran aumentando el objeto pasaría sucesivamente por estados de manifestación
superiores, llegando al plano mental y después al espiritual, hasta ser por último absorbido en el TODO
QUE ES EL Espíritu Absoluto. El «objeto», sin embargo, habría dejado de ser tal mucho antes de
llegar a la sustancia etérea, pero de todas maneras la ilustración es correcta en cuanto demuestra los
efectos del aumento continuo de la intensidad vibratoria. Debe recordarse que en la ilustración anterior,
con el llegar a los estados en que el objeto irradia color, luz, etc., no se ha resuelto aún la cuestión en
esas formas de energía (que están en un grado mucho más elevado), sino que simplemente llega a un
grado de vibración en el que esas energías se libertan hasta cierto punto de las limitadoras influencias
de las moléculas, átomos y corpúsculos. Esas energías, si bien son muy superiores en la escala a la
materia, están aprisionadas y confinadas en las combinaciones materiales, en razón de las fuerzas que
se manifiestan a través de ellas, y empleando formas materiales, y de esta manera se confinan en sus
creaciones corpóreas, lo que, hasta cierto punto, es cierto en toda creación, quedando la fuerza creadora
envuelta en su propia creación.

Pero la doctrina hermética va mucho más allá que la ciencia moderna, y afirma que toda
manifestación de pensamiento, emoción, razón, voluntad, deseo o cualquier otro estado mental, va
acompañada por vibraciones, parte de las cuales se emanan al exterior y tienden a afectar las mentes de
los demás por «inducción». Esta es la causa de la telepatía, de la influencia mental y de otros efectos
del poder de una mente sobre otra, la que ya va siendo de dominio público, debido a la gran cantidad de
obras de ocultismo que están publicando discípulos e instructores sobre estas materias.

Cada pensamiento, emoción o estado mental tiene en su correspondiente intensidad y modalidad
vibratoria. Y, otras, esos estados mentales pueden ser reproducidos, así como una nota musical puede
ser reproducida haciendo vibrar las cuerdas de un instrumento con la velocidad requerida, o como se
puede reproducir un color cualquiera. Conociendo el Principio de Vibración, aplicado a los fenómenos
mentales, uno puede polarizar su mente en el grado que quiera, obteniendo así un perfecto dominio y
contralor sobre sus estados mentales. De la misma manera, podrá afectar las mentes de los demás,
produciendo en ellos los requeridos estados mentales. En una palabra, podrá producir en el Plano
Mental lo que la ciencia produce en el físico, o sea las vibraciones a voluntad. Este poder, por supuesto,
puede adquirirse únicamente mediante las instrucciones, ejercicios y prácticas apropiadas, siendo la
ciencia que las enseña, la de la «transmutación mental», una de la rama de la Filosofía Hermética.

Un poco de reflexión sobre lo que hemos dicho mostrará que el Principio de Vibración está oculto
tras todos los maravillosos fenómenos de los poderes manifestados por los Maestros y Adeptos,
quienes pueden aparentemente eludir las leyes de la Naturaleza, pero que, realmente, no hacen más que
emplear una ley contra otra, un principio contra otros, y que llevan a cabo sus resultados modificando
las vibraciones de las cosas materiales o de las energías, realizando así lo que comúnmente llamamos
milagros.

Como dijo una de las más antiguas autoridades herméticas: «Aquel que ha comprendido el
Principio de Vibración, ha alcanzado el cetro del Poder».

* * *

El Kybalión