domingo, 22 de mayo de 2011

CAUSALIDAD


CAPÍTULO XII

CAUSALIDAD

«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. Azar no es
más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero ninguno
escapa a la ley.»

El Kybalion.

EL Sexto Gran Principio Hermético —el principio de Causa y Efecto— encierra la verdad de que
nada sucede casualmente; que la casualidad es sólo un término que indica la existencia de una causa no
reconocida o percibida; que el fenómeno es continuo, sin soluciones de continuidad.

El Principio de Causa y Efecto está tras todo pensamiento científico, antiguo o moderno, y fue
enunciado por los Instructores Herméticos de los tiempos primitivos.

Y si bien han surgido muchas discusiones y disputas entre las varias escuelas de pensamiento, esas
disputas han versado especialmente sobre los detalles de la operación del citado principio, y también
sobre el significado de determinadas palabras. El inmanente principio de Causa y Efecto ha sido
aceptado como correcto por todos los pensadores del mundo que merecen realmente tal calificativo.

Pensar de otra manera sería sacar el fenómeno del universo del dominio de la ley y del orden,
relegándolo a ese algo imaginario al que el hombre ha dado el nombre de casualidad.

Un poco de meditación evidenciaría que no existe absolutamente tal casualidad. Webster define la
palabra casualidad diciendo que: «es un supuesto agente o modo de actividad diferente de una fuerza,
ley o propósito; la operación o actividad de dicho agente; el efecto supuesto de tal agente; un suceso,
una cosa fortuita, una casualidad, etc.». Pero un poco de meditación demostrará que no puede existir
dicho agente casual, en el sentido de algo externo y fuera de la ley, algo aparte de la causa y del efecto.
¿Cómo podría existir algo actuando en el universo fenomenal, independiente de las leyes, del orden
y de la continuidad del último? Tal agente sería algo completamente independiente del tren coordinado
del universo, y, por consiguiente, sería superior a él. No podemos imaginar nada fuera del TODO, más
allá de la ley, y esto porque el TODO es precisamente la ley en sí mismo. No hay sitio en el universo
para nada externo o independiente de la ley. La existencia de algo semejante convertiría a todas las
leyes naturales en inefectivas, y sumergiría al universo todo en el desorden más caótico.

Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad es meramente una expresión
concerniente a causas oscuras, causas que no podemos percibir, causas que no podemos comprender.

La palabra casualidad se deriva de una frase que significa «echar los dados», siendo la idea encerrada
que la caída es meramente una ocurrencia, sin relación con causa alguna. Y en este sentido suele
emplearse la palabra en cuestión. Pero cuando se examina el asunto detalladamente se verá que no hay
tal casualidad absolutamente en la caída de un dado. Cada vez que cae el dado mostrando cierto
número, obedece a una ley tan infalible como la que gobierna la revolución de los planetas en torno del
Sol. Tras la caída del dado existen causas, o cadenas de causas, eslabones en ininterrumpida sucesión,
hasta donde la mente no puede alcanzar. La posición del dado en la caja, la suma de energía muscular
empleada al arrojarlo, el estado de la mesa, etc., son otras tantas causas cuyo efecto puede verse. Pero,
tras éstas, hay encadenamiento de causas invisibles precedentes, todas las cuales obran sobre el número
que el dado debe mostrar en su cara superior.

Si se arrojan los dados un gran número de veces, se verá que los puntos marcados son casi iguales,
esto es, que habrá igual número de unos, de dos, etc. Arrójese una moneda al aire, y al caer dará cara o
cruz. Pero si se arroja un número de veces suficiente, las caras y las cruces se igualarán. Pero todo cae
bajo la operación de la Ley de Causa y Efecto, y si pudiéramos examinar todo el eslabonamiento de
causas veríamos claramente que era sencillamente imposible que el dado cayera en otra forma que en la
que cayó, bajo las mismas circunstancias y al mismo tiempo. Siendo las mismas causas, se produce
siempre el mismo resultado. Toda ocurrencia tiene su causa y su porqué. Nada ocurre sin causa, o,
mejor dicho, sin una cadena de causas.

Al considerar este principio muchos se quedan confusos, porque no pueden explicar como una cosa
puede ser causa de otra, esto es, ser la primera creadora de la segunda. En realidad, ninguna cosa puede
producir o crear otra. La causa y el efecto residen meramente en los sucesos. Un suceso o
acontecimiento es lo que viene, llega u ocurre como consecuencia o resultado de un acontecimiento o
evento anterior. Ningún acontecimiento crea otro, sino que no es nada más que el eslabón precedente
en la gran cadena coordenada de sucesos que fluyen de la energía creadora del TODO. Hay una
continuidad de solución entre todos los acontecimientos precedentes, consecuentes y subsecuentes.

Existe siempre una relación entre todo lo que ha pasado y todo lo que sigue. Una piedra se desprende
de la montaña y se aplasta contra el tejado de una granja situada en el valle vecino. A primera vista
parece obra de la casualidad; pero si se examina la materia se encontrará una gran cadena de causas tras
ese acontecimiento. En primer lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra que sostenía a la piedra,
permitiéndole así caer; antes de esa causa estaba la influencia precedente del Sol y de otras lluvias, las
que gradualmente fueron desintegrando la piedra de la roca; antes aún, estaban las causas que
contribuyeron o produjeron la formación de la montaña y su elevación sucesiva por medio de las
convulsiones de la Naturaleza, y así ad infinitum.

Además podemos revisar las causas de la lluvia, podemos considerar la existencia del tejado. En
una palabra, pronto nos encontraríamos envueltos en un laberinto de causas y efectos del que pronto
tendríamos que luchar para escaparnos.

Así como un hombre tiene dos padres y cuatro abuelos y ocho bisabuelos, y dieciséis tatarabuelos y
así sucesivamente, de manera que al cabo de cuarenta generaciones se calcula el número de antecesores
en muchos millones, así también suceden con el número de causas que subyacen tras el suceso o
fenómeno más nimio, tal como el paso de un liviano trocito de carbón llevado por el viento. No es nada
fácil seguir la pista de esa partícula de hollín hasta los primitivos períodos de la historia del mundo,
cuando formaba parte de un macizo tronco, que más tarde se convirtió en carbón, y así sucesivamente,
hasta el momento en que pasaba volando ante nosotros en busca de otras muchas aventuras. Y una
poderosísima cadena de acontecimientos, de causas y efectos, la llevó hasta su actual condición, y ésta
no es más que uno de los tantos sucesos de la cadena, y que seguirán produciendo más y más eventos
durante centenares y centenares de años a contar desde ahora. Una de las series de acontecimientos
originados por esa partícula de hollín flotante ha sido el escribir estas líneas, lo que ha obligado a un
tipógrafo a realizar cierto trabajo; esto despertará en vuestras mentes ciertos pensamientos, así como en
las de los demás, los que a su vez afectarán a otros, y así sucesivamente, hasta donde la mente no puede
alcanzar, y todo por el simplismo vuelito de una partícula de hollín, todo lo cual muestra la relatividad
y asociación de las cosas y la deducción consiguiente de que nada hay grande ni pequeño en la mente
que todo lo creó.
Meditemos un momento. Si cierto hombre no hubiera encontrado a cierta mujer en la obscura Edad
de Piedra, vos, que estáis ahora leyendo estas líneas, no estaríais ahora aquí. Y si, quizá, la misma
pareja no se hubiera encontrado, los que escribimos estas líneas tampoco estaríamos aquí. Y el mismo
hecho de que nosotros, por nuestra parte, escribamos, y de que vos leáis por la vuestra, afectará no
solamente nuestras propias vidas, sino que también tendrá un efecto directo o indirecto sobre muchas
otras personas que viven actualmente o que vivirán en las edades por venir. Todo pensamiento
generado en nuestra mente, todo acto realizado, tiene sus resultados directos e indirectos, que se
eslabonan coordinadamente en la gran cadena de Causas y Efectos.

No deseamos entrar a discutir sobre el libre albedrío y el determinismo, en esta obra, por múltiples
razones. Entre otras muchas, la principal es que ningún lado del asunto es completamente exacto,
siendo en realidad ambos parcialmente verdad, de acuerdo con las enseñanzas herméticas. El Principio
de Polaridad demuestra que ambos aspectos son medias-verdades: los opuestos polos de la verdad. La
verdad es que el hombre puede ser a la vez libre y limitado por la necesidad, dependiendo todo del
significado de los términos y de la altura de la verdad desde la cual se examine el asunto. Los antiguos
escritores expresaban el punto diciendo que: «Cuanto más lejana está la creación del Centro, tanto más
limitada está. Cuanto más próxima está del Centro, tanto más libre está».

Los hombres en su mayoría, son más o menos esclavos de la herencia, del medio ambiente, etc., y
manifiestan muy poco libre albedrío. Se ven arrastrados por las opiniones, costumbres y pensamientos
del mundo externo, así como también por sus emociones, sentimientos y modalidades. No manifiestan
el menor dominio de sí mismo que merezca ese nombre. Y con indignación rechazan esa afirmación
diciendo: «Yo puedo obrar ciertamente con plena libertad y hacer lo que se me dé la gana; hago
precisamente lo que quiero hacer». Pero no pueden explicar por qué o de donde viene el «necesito» y
me «gusta». ¿Qué es lo que les hace querer una cosa con preferencia a otra? ¿Qué es lo que les hace
«gustar» una cosa y no otra? ¿No hay ninguna «razón» para sus «gustos» y «necesidades»? El maestro
puede transformar los «agrados y «necesidades» en otros en el extremo opuesto de su polo mental.

Puede y tiene la capacidad de «querer, querer» en vez de querer porque algún sentimiento, modalidad,
emoción o sugestión del medio ambiente despierte en él una tendencia o deseo de hacer tal o cual cosa.

La mayoría de los hombres es arrastrada como si fuera una piedra, obedeciendo al medio ambiente,
a las influencias externas y a las modalidades, deseos y emociones internas, etc., por no hablar de los
deseos y voluntades de los demás que son más fuertes. La herencia, el medio ambiente y las
sugestiones los arrastran sin la menor resistencia por su parte, sin que ejerciten en modo alguno su
voluntad. Movidos como las fichas en el tablero de ajedrez de la vida, desempeñan su parte y se quedan
a un lado después del juego. Pero los Maestros, que conocen las reglas del juego, se elevan por encima
del plano de la vida material, y colocándose en contacto con los poderes superiores de sus naturalezas
dominan sus propias modalidades, caracteres, cualidades y polaridades, así como el medio ambiente
que los rodee, haciéndose en esta forma directores del juego en vez de meras fichas: Causas en vez de
Efectos. Los Maestros no se libran de la causalidad en los planos superiores, sino que están bajo el
contralor de esas más elevadas leyes, y haciendo uso de éstas se hacen dueños de las circunstancias en
los planos inferiores. De esta manera forman una parte consciente de la Ley, en vez de ser sus ciegos
instrumentos. Mientras obedecen y sirven en los Planos Superiores, dominan y son dueños del plano
material.

Pero, tanto arriba como abajo, la Ley está siempre en operación. No existe tal casualidad o azar.

La
ciega diosa ha sido abolida por la razón. Ahora podemos ver, con ojos iluminados por el conocimiento,
que todo está gobernado por la ley universal y que el infinito número de leyes no es más que
manifestaciones de la Única Gran Ley: la Ley que es el TODO. Es, pues, muy cierto que ni siquiera un
gorrión deja de estar presente en la Mente del TODO, que hasta los cabellos de nuestra cabeza están
contados, según dicen las escrituras. Nada hay fuera de la ley; nada ocurre en contra de ella.

Pero, a
pesar de ello, no se vaya a caer en el error de que el hombre es un autómata ciego, al contrario.

La
doctrina hermética dice que el hombre puede emplear la Ley contra las leyes, que lo superior siempre
prevalecerá contra lo inferior, hasta que el hombre haya alcanzado aquel estado en el que buscará
refugio en la LEY misma y podrá evadirse de todas las leyes fenomenales. ¿Se puede comprender el
significado íntimo, interno, de esto?.

* * *

El Kybalión

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