domingo, 22 de mayo de 2011

TRANSMUTACIÓN MENTAL



CAPÍTULO III

TRANSMUTACIÓN MENTAL

«La mente así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado,
de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La verdadera
transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental.»

El Kybalion.

Como indicamos anteriormente, los hermetistas fueron los verdaderos creadores de la alquimia, de
la astrología y la sicología, habiendo sido Hermes el fundador de esas escuelas de pensamiento.

De la
astrología ha derivado la astronomía moderna; de la alquimia ha surgido la química y de la sicología
mística la sicología moderna. Mas no debe suponerse que los antiguos fueron unos ignorantes respecto
a lo que las escuelas modernas creen de su exclusiva propiedad. Las inscripciones grabadas en las
piedras y monumentos de Egipto prueban concluyentemente que los antiguos poseían el más perfecto
conocimiento acerca de la astronomía, mostrando la construcción de las mismas pirámides una relación
estrechísima entre sus designios y su conocimiento de la ciencia astronómica. Tampoco debe suponerse
que ignoran la química, pues los fragmentos de antiguas escrituras descubiertas muestran que estaban
muy familiarizados con las propiedades químicas de los cuerpos. En una palabra, sus teorías respecto a
la física han sido posteriormente verificadas y confirmadas por los últimos descubrimientos de la
ciencia moderna, sobre todo en lo que se refiere a la constitución de la materia. Lejos de ignorar los
llamados modernos descubrimientos psicológicos, los egipcios estaban muy al corriente de todo ello,
especialmente en ciertas ramas que ignoran completamente las escuelas modernas, y sobre todo en
«ciencia psíquica», la que tanto está confundiendo a los psicólogos de hoy en día, y haciéndoles
confesar al fin que, «después de todo, bien puede haber algo de cierto en ello».

Lo cierto es que, además de la química, astronomía y sicología (esto es, la sicología en su aspecto
de función cerebral), los antiguos poseían un conocimiento trascendental de la astronomía que se llamó
alquimia y de la sicología trascendental titulada sicología mística. Y no solamente poseían este
conocimiento interno, sino también el externo, siendo este último el único que conocen los hombres de
ciencia modernos. Entre los muchos aspectos y tópicos de conocimientos secretos de los hermetistas se
encuentra lo que se conoce como «transmutación mental», de la que vamos a tratar en este capítulo.

«Transmutación» es el término generalmente empleado para designar el antiguo arte de transmutar
los metales, especialmente los de poco valor, en oro. La palabra «transmutar» significa «cambiar de
naturaleza, de sustancia y de forma, convirtiéndose en otra; transformarse en otra cosa» (Webster). Y
de acuerdo con esa definición, «transmutación menta» significa el arte de transformar o cambiar los
estados, cualidades, formas, condiciones mentales etc., en otros. Así que podéis ver que la
transmutación mental no es otra cosa que una especie de química mental; y si preferís el término, una
forma especial práctica de sicología mística.

Mas esto tiene un significado muchísimo mayor de lo que parece a simple vista. La transmutación
alquímica en el plano mental es tan importante en sus efectos que de ser conocida sería uno de los
estudios más importantes para el hombre. Y esto no es más que el principio. Veamos por qué.
El primero de los siete principios herméticos es el de mentalismo, que afirma que «el TODO es
mente, que el universo es mental», lo que significa que la única realidad que se oculta tras todo cuanto
existe es mente; y el universo en sí mismo es una creación mental, esto es, existe en la mente del
TODO. Consideraremos este principio en las sucesivas lecciones, pues ahora vamos a estudiar sus
efectos, suponiendo que dicho principio fuera cierto.

Si el universo es de naturaleza mental, entonces la transmutación mental debe ser el arte de cambiar
o transformar las condiciones del universo, trátese de la materia, de la energía o de la mente. Así que
esa transmutación, no es otra cosa que la magia, de la que tanto han hablado los escritores antiguos en
sus obras místicas, pero acerca de la cual daban tan pocas instrucciones prácticas. Si todo es mental,
entonces la posesión del medio que permita transmutar las condiciones mentales debe hacer del
Maestro el dirigente y controlador de las condiciones materiales, así como de las operaciones llamadas
mentales.

Es muy cierto que nadie, excepto los alquimistas mentales más avanzados, han alcanzado el grado
de poder necesario para dominar las condiciones físicas más densas, tales como los elementos de la
naturaleza, la producción y cesación de las tempestades, la producción y cesación de terremotos u otros
fenómenos físicos de cualquier clase, pero que tales hombres existieron y que existen es una cosa que
no duda ningún ocultista, sea de la escuela que sea. Los mejores instructores aseguran a sus estudiantes
que los Maestros existen, habiendo aquellos tenido algunas experiencias personales que justificaban su
creencia. Estos Maestros no hacen exhibición pública de sus poderes, sino que, por el contrario,
permanecen solitarios para poder así actuar y trabajar mejor en el sendero de la realización.
Mencionamos aquí su existencia, meramente para llamar vuestra atención acerca de que sus poderes
son enteramente mentales y que operan en el sentido de la más elevada transmutación mental, según el
principio del mentalismo de El Kybalion, que dice: «El universo es una creación mental».

Mas los estudiantes y hermetistas de los grados inferiores al de Maestro —los iniciados e
instructores— pueden también actuar y obrar libremente en el plano mental.
Todo cuanto llamamos «fenómenos psíquicos», «influencia mental», «mentalismo» etc., son
transmutación mental, pues existe un principio único, y nada importa el nombre que se dé a los
fenómenos que se produzcan.

El que practica la transmutación mental trabaja en ese plano, transformando condiciones y estados
mentales en otros, de acuerdo con fórmulas más o menos eficaces. Los varios «tratamientos»,
«afirmaciones», «autosugestiones», etc., de las escuelas mentalistas no son más que esas mismas
fórmulas (muy a menudo imperfectas y empíricas), del arte hermético. La mayoría de los que las
practican son unos ignorantes comparados con los antiguos Maestros, porque no poseen el
conocimiento fundamental sobre la cual está basada esa operación.

No solamente los estados mentales de uno mismo pueden ser transmutados según los métodos
herméticos, sino que también puede hacerse esto con la mentalidad de los demás y, efectivamente,
todos sufrimos transformaciones mentales de cualquier índole, inconscientemente, por lo general, pero
a veces conscientemente, cuando comprendemos algo acerca de las leyes y principios que los rigen, y
sobre todo cuando los demás ignoran los medios de protegerse a si mismos. Muchos estudiantes de
mentalismo saben que las condiciones materiales dependen de las mentes de los demás, y pueden ser
transmutadas y cambiadas de acuerdo con los deseos de la persona que quiere modificar sus
condiciones de vida. Se ha hecho esto tan público hoy en día, que no creemos necesario mencionarlo en
detalle, siendo nuestro propósito únicamente el de mostrar la acción de este principio hermético que se
oculta tras todas esas varias formas de operar, buenas o malas, porque la fuerza puede ser empleada en
ambas direcciones, de acuerdo con el principio hermético de polaridad.

En esta obrita indicaremos los principios básicos en los que se funda la transmutación mental, de
tal manera que todos los que la estudien puedan comprender las leyes a que obedecen, y poseyendo así
la clave maestra, sean capaces de abrir las muchas puertas del principio de polaridad.

Ahora procederemos a considerar el primero de los siete principios herméticos, el del mentalismo,
el que se explica y desarrolla el axioma de que el TODO es mental, de que el universo es una creación
mental, según las palabras de El Kybalion.

Este principio debe estudiarse cuidadosamente, porque él es, en realidad, la base de toda la
Filosofía Hermética y del arte hermético de transmutación mental.

* * *

El Kybalión

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